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NAVIDAD 2020: Gloria en las alturas - Paul M Hanssen

NAVIDAD 2020: Gloria a Dios en las alturas


Los pastores que vivían en los montes a las orillas de Bethlehem fueron los primeros en escuchar las buenas nuevas del nacimiento del Cordero de Dios. Imagínese que un ángel se le aparezca y le anuncie el nacimiento del Redentor. Luego, imagínese en las tinieblas de la noche una gran multitud de la hueste angelical que aparece cantando una armoniosa melodía de alabanza a Dios con un mensaje de paz y buena voluntad para la humanidad.


“Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían: Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.” (Lucas 2:13-14)


Estos dos cortos versículos nos revelan una verdad dinámica acerca de Dios y el hombre; del Cielo y la Tierra. Primero que nada, se menciona el Cielo donde Dios reside y donde está sentado sobre su trono real. Estas son las “alturas” donde Él es alabado y glorificado. Luego se menciona la Tierra, donde reside el hombre en su estado bajo y caído. El mensaje que el ejército angelical proclamó a los hombres de la Tierra era ‘paz y buena voluntad’.



Debido a la condición pecaminosa y rebelde en la que vive el hombre, Dios no es glorificado en la Tierra. El pecado separó al hombre de Dios, convirtiéndolo en un glorificador del “Yo” en vez de dedicarse a exaltar a Dios en las alturas. Las “alturas” son los niveles sublimes del Reino celestial de Dios donde se encuentra el salón del trono y donde Él es glorificado. La multitud de las huestes angelicales que existen, sirven a su propósito, el cual es adorar a su Creador y Maestro. Los ángeles guerreros adoradores exaltan a Dios hasta los niveles más altos del Cielo y le honran simplemente por quién es Él. Estos ángeles nunca dejaron su estado original ni su llamado eterno. Ellos nunca han caído ni han fallado en su propósito como el hombre lo hizo. El ejército de los cielos todavía sigue cumpliendo su propósito de glorificar a Dios en las alturas.


Glorificar significa dar honor, alabanza y adoración. También significa promover, anunciar y hablar excesivamente. Es imposible glorificar a Dios y al mismo tiempo promovernos o hablar excesivamente de nosotros mismos. Usted y yo fuimos creados como los ángeles, con el último propósito de glorificar a Dios en las alturas. Nuestras vidas fueron diseñadas para proclamar, anunciar, exaltar y promover a Aquel que está sentado en el trono sublime: el Rey de reyes. Pero para que nosotros podamos cumplir con este propósito, necesitamos la redención. Necesitamos un Redentor. Necesitamos al Cordero de Dios.


El ser humano busca paz y buena voluntad. Paz quiere decir prosperidad, quietud, descanso y estar en unidad. Buena voluntad significa felicidad, satisfacción y placer. Las definiciones de paz y buena voluntad encierran exactamente todo lo que el hombre caído está buscando. El hombre en su condición caída continúa buscando inútilmente a la deriva algo que solamente puede encontrar a través de la redención del Cordero de Dios. El mensaje de la hueste angelical del nacimiento de Jesús revela precisamente la provisión que el hombre necesita y está buscando. Jesús vino a redimir y establecer el Reino de Dios (su trono) dentro de los corazones de su pueblo.


Cuando Dios es honrado, glorificado, exaltado y magnificado en las alturas el resultado es paz y buena voluntad entre los hombres. Los ángeles hacen su parte en el cielo. Sin embargo, el hombre debe hacer también su parte en la Tierra. Para poder cumplir el mandamiento de unir lo que está en la Tierra con lo que se hace en el Cielo, necesitamos primero vivir una experiencia propia y tener un encuentro con el Cordero de Dios. Una vez que los pastores encontraron al Cordero de Dios, ellos también empezaron a hacer en la Tierra lo mismo que se hace en el Cielo.


“Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.” (Lucas 2:20)


Cuando el Cielo y la Tierra sean unidos, ¡la creación finalmente experimentará paz y buena voluntad! Podremos tener la experiencia del Reino de Dios “en la Tierra, así como en el cielo” cuando la creación glorifique a Dios en las alturas; cuando el Rey que está sentado sobre el trono alto y sublime sea reverenciado, honrado, anunciado y promovido. Esto se hará realidad en la Tierra durante el Milenio. Sin embargo, también puede ser una experiencia real y viva en la vida del creyente que esté dispuesto a establecer el Reino de Dios en su corazón.


“…De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra: En él digo, en quien asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad. Para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que antes esperamos en Cristo.” (Efesios 1:10-12)


No desperdicie sus días buscando paz y buena voluntad en la Tierra. En lugar de eso utilice sus días buscando al Cordero de Dios, quien ha venido a establecer el Reino de Dios en los corazones de su creación caída. Conforme usted le busque y experimente un nuevo nacimiento del Cordero de Dios en el pesebre de su corazón, usted también será lleno de la misma “gloria del Dios de las alturas”, tal como la hueste celestial. El Cielo y la Tierra se harán uno. ¡Esto, a su vez produce paz y buena voluntad! El pesebre de Bethlehem se convierte en el trono de Sion. Tanto a Bethlehem y a Sion (Jerusalén) se les refiere en la Biblia como la “ciudad de David” (como si las dos ciudades fueran una misma). Este es un cuadro dinámico, tipo y figura de la Tierra unida al Cielo.


¡PAZ EN LA TIERRA Y BUENA VOLUNTAD!


Feliz Navidad a usted y a los suyos.


Pastor Paul M. Hanssen


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